Pura causalidad – Buen Camino – 1×01. También en Spotify, Ivoox y Youtube

Cuánto más entreno, más suerte tengo.

Cuando estaba en bachillerato, no tenía ni idea de qué haría después. Eso sí, sabía que me gustaba el mundo de la empresa. Al fin y al cabo, había elegido la rama de ciencias sociales en lugar de humanidades por las asignaturas de economía y organización de empresa.

Hasta entonces, había pasado por el instituto sin pena ni gloria. Hacía cuanto podía para aprobar las asignaturas, pero no entendía para qué valía la pena esforzarse más. Hasta que entendí que, si seguía así, estaba poniendo en peligro mis oportunidades de futuro.

Si quería ir a la universidad, había una nota de corte que limitaría a dónde podía entrar. Todavía no sabía que quería hacer, pero mi estrategia pasó por sacar las mejores notas posibles. Ya habría tiempo después para decidir qué quería estudiar.

Y vaya si lo descubrí, aunque in extremis. A final del segundo y último curso, expuse públicamente mi trabajo de investigación sobre astronomía. Lo disfruté tanto que se me encendió la bombilla y me fui directo a mirar qué carreras de comunicación había.

Ahí estaba: Publicidad y Relaciones Públicas.

Sin embargo, todavía tenía por delante la selectividad. De nuevo, di lo mejor de mí, pero la verdad es que no se me dio tan bien como el bachillerato y mi nota media bajó del 7. En cualquier caso, mi plan no había cambiado, yo quería hacer publicidad.

La sorpresa no me la llevé cuando descubrí que había entrado, sino cuando leí que la nota de corte había sido de 6,90. Si hacíais un promedio entre mi nota de selectividad y la de mi centro de estudios, el resultado era de 6,91. Por los pelos, pero lo había conseguido.

Habrá quien dirá que fue debido a la suerte. Yo no lo veo así. Se llama preparación. Estudié todo lo que pude para que, cuando surgiese la oportunidad, yo estuviese preparado para aprovecharla. Dicho de otra manera, no se llama casualidad, sino causalidad.

O quizá sí fue debido suerte si la ecuación de la suerte es igual a oportunidad más preparación. Entonces, la suerte no es un mero juego de azar, sino uno en el que tenemos un papel activo generando circunstancias favorables. Porque para ganar hay que jugar.

Y cuanto más entreno, más suerte tengo.