Licencia para acertar – Buen Camino – 1×03. También en Ivoox, Spotify y Youtube

Pocos meses después de dejar mi trabajo de responsabilidad, contactaron conmigo para gestionar las redes sociales de una mediana empresa de mi ciudad.

Después de todo, parecía que existía aquello de la buena suerte. Aproveché el momento y así fue como empecé a trabajar como consultor de marketing online.

Mi primer cliente era una conocida marca de alimentación para la que ya había trabajado mi madre. La mala noticia es que pagaba a sus proveedores a 90 días.

Por tanto, si emitía la factura en enero, la cobraría en abril. Lo que yo no sabía en aquel momento era lo que implicaba eso cuando eres autónomo. Ahí va un spoiler…

Estaba a punto de llevarme una desagradable sorpresa.

Independientemente de que hayas cobrado, cada trimestre del año debes abonar a hacienda el importe correspondiente de IVA de las facturas que has emitido.

Dicho de otra manera, tenía que pagar algo más de 600 euros a la administración por el IVA correspondiente a 3 facturas que, pese a haber emitido, no había cobrado.

¡Me quedé en blanco!

Eso no sería ningún drama en circunstancias normales, pero yo estaba pelado. Como bien sabes, había invertido casi todos mis ahorros en un proceso de coaching.

Lo que estaba a punto de pasar es que mi cuenta iba a quedarse en números rojos y yo no había sido capaz de preverlo. Todavía recuerdo cómo lloré de la impotencia.

Simple y llanamente, me sentía fracasado. Por un momento, pensé que todo lo que había hecho hasta ese momento no servía de nada: la situación me iba grande.

En pocas palabras, tomé la dificultad que había surgido en el camino como una medida directa de mi competencia, valía y posibilidad de éxito profesional.

Pero lo que había pasado no significaba que no fuera bueno en mi profesión, que no valiese para trabajar por cuenta propia o que el mundo estuviera contra mí.

Significaba, nada más y nada menos, que desconocía cómo funcionaba la fiscalidad del autónomo, de ahí que no hubiera sido capaz de prever lo que iba a pasar.

En lugar de sentirme fracasado, dejé de hacerme pajas mentales, puse las cosas en contexto y traté de relativizarlo. No iba a dejar que aquello me marcara para siempre.

Puedes aceptar el fracaso, extraer un aprendizaje positivo y seguir delante. En cambio, cuando te sientes fracasado, te etiquetas y te quedas a vivir en el fracaso.

En el fondo, el contratiempo significaba algo bueno. Estaba intentando al nuevo. Lo que había pasado no era para tanto, sino algo de lo que me reiría meses más tarde.

Si James Bond tenía licencia para matar, yo tenía licencia para acertar. Porque cuando nos damos permiso para fallar, nos damos permiso para acertar.