Hay vida antes de la muerte – Buen Camino – 1×04. También en Ivoox, Spotify y Youtube

Trabajar desde casa, fijar mi propio horario y hacer lo que me gusta. Ahora sí que era un tío con suerte. Ya veía las turbulencias de los primeros meses desde el retrovisor.

Un año y un par de meses más tarde, uno de los proyectos en los que estaba involucrado empezó a crecer: la facturación y la carga de trabajo se dispararon.

¡Se acercaba el momento de tomar una decisión!

Creía en mí, en el proyecto y en mis compañeros, así que cuando me ofrecieron unirme a la plantilla, no lo dudé ni un momento: me puse la camiseta y salí a jugar.

Y vaya si sudé la camiseta. Lo hice por mí, pero también por unos compañeros que más pronto que tarde fueron más lejos de lo estrictamente laboral para ayudarme en lo personal.

Sin embargo, años después, las cosas empezaron a torcerse. Por más que ponía de mi parte, los resultados no llegaban. Empecé a entrar en una espiral de frustración.

Tenía que hacer más.

Me apunté a un máster. Por las mañanas trabajaba, por las tardes, estudiaba. El objetivo, descubrir cuál era la pieza que, si movía, cambiaría las reglas del juego.

Tenía que hacer más.

Empecé a trabajar los fines de semana. La frontera entre el deber y el placer se difuminó. Me decía a mí mismo que el fin justificaba los medios. Ya llegaría la recompensa.

Tenía que hacer más.

Y lo hice, hasta que no pude más.

El horizonte, allá donde el cielo y la tierra parecen darse la mano, es una imagen móvil que, a medida que nos desplazamos para alcanzarlo, hace lo propio en la misma medida.

¡Parece que huya de nosotros!

Del mismo modo, nuestros anhelos, aspiraciones e ilusiones en la vida están en perpetuo movimiento y, a medida que los realizamos, nuevos deseos vienen a ocupar el lugar de los anteriores.

El problema con este modo de funcionamiento está en que siempre habrá algo tras lo que correr, luego perseguir el horizonte es una tarea que nos dejará sin aliento.

Tarde o temprano, la frustración ocupa el espacio de la combustión inicial debido al contraste existente entre todo aquello que queremos que sea y que todavía no es.

En cambio, cuando echamos la vista atrás, somos capaces de recordar la considerable distancia recorrida, así como los contratiempos salvados y los éxitos cosechados.

Medir constantemente la distancia entre lo que queremos y todavía no tenemos, genera frustración.

Medir periódicamente la diferencia entre el punto de partida y la posición actual, produce realización.

Como un burro que persigue una zanahoria, pasé más tiempo del que reconoceré esperando algo mejor para descubrir que, en realidad, ya lo tenía delante de mis ojos.

Tenía una familia sana que me quería, conseguí comprar mi primera vivienda e incluso había creado mi propio negocio cuando tan sólo había acabado las prácticas curriculares.

No necesitaba conseguir más, sino darme permiso para disfrutar. Qué mejor acto de justicia que paladear todo lo bueno que ya tenía a mi alrededor.

Quizá la pregunta no es si hay vida después de la muerte..

Sino “si hay vida antes de la muerte”

Elsa Punset

Buen camino.